
No, ya lo se - quizá lo supe siempre-:
este dolor no es nuevo
y sé cómo este amor que es nuestro amor
tampoco fue el primero.
Yo conozco el terror de aquel espacio
definitivo, pleno,
que separa la sangre del rescoldo, la imagen del espejo.
Yo se cómo se engarfia. despiadado, el dolor cuando es cierto,
cómo se ciñe densamente el aire
alrededor del cuello,
cómo duelen los ojos y las manos
y ya no existen párpados ni dedos,
cómo lastiman todas las palabras,
las miradas, los gestos
y cómo van cubriendo las ciudades
banderines de fuego.
Ah, las grandes palabras, las palabras,
para ocultar el miedo,
para llenar los días y las noches
de sonidos sin eco
pero también para vestir de niebla
un vacío de sueños.
No hemos mentido. Sé que no has mentido.
Ahora que estoy lejos y estás lejos
- tal vez a pocos pasos, es lo mismo -
puedo mirarte y puedo
vernos por vez primera, simplemente
como somos. Cómo éramos.
No hemos mentido entonces:
ahora, no engañemos.
Todo fue claro
y - de alguna manera - verdadero.
Sí, nos hemos querido.
Si la noche no oculta, el alba menos
y en el amanecer se dice aquello
que el mediodía cubre de silencio.
Era un amor distinto? Lo dijimos,
pero no era el amor. Y lo sabemos.
Te pienso sin rencor, y con ternura;
con un mínimo esfuerzo
puedo evocar nuestra pequeña historia,
las manos en las sienes,
tu cabeza en mi pecho.
Ah, de alguna manera me has querido.
Tal vez me admires hoy, un poco menos.
Julia Prilutzky Farny
Este poema nos muestra a través de cada uno de sus versos a un yo lírico ambiguo, es decir, que no se sabe si es un hombre o una mujer porque no da indicios de eso. Este expresa melancolía por un amor que en realidad no esta seguro que fue un amor verdadero y resignación porque esperaba más pero sin embargo no le quedo otra debido a que no puedo luchar contra el destino que le esperaba; para expresar todas esas sensaciones se utilizan metáforas.
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